Si tu bebé nació antes de tiempo y sientes miedo, culpa o soledad, aquí encontrarás historias reales, consejos y palabras que te sostendrán en esta etapa tan intensa. No estás sola: este espacio es para compartir experiencias, aprender y recuperar la calma día a día.
Ser madre de un bebé prematuro cambia todas las reglas. De repente, todo gira en torno a incubadoras, horarios, controles, método canguro, informes médicos y una espera que parece no terminar nunca.
Y en medio de todo eso, tú.
Muchas veces invisible. Muchas veces agotada. Muchas veces sosteniendo sin que nadie te sostenga a ti.
En esta entrada no voy a hablar de cuidados para tu bebé prematuro. En cambio, voy a hablarte de TUS cuidados, y recordarte que tú eres es lo más importante ahora.
TU BEBÉ TE ELIGIÓ A TI COMO MADRE PORQUE SABE QUE ERES UNA GUERRERA
Cuando el cuidado se reduce a lo básico
Cuando tu bebé nace de forma prematura, especialmente si está en Neonatología o en la UCI neonatal, el autocuidado ideal simplemente no existe.
No hay rutinas. No hay equilibrio. No hay energía.
Por eso, hoy no voy a hablarte de grandes cambios ni de listas imposibles de cumplir.
Sé por lo que estás pasando así que sólo voy a resumirte lo esencial, lo mínimo que debes hacer por y para ti para mantenerte enérgica y fuerte mientras atraviesas esta etapa.
Seguramente pensarás que son obvias, pero deténte un momento cuando acabes de leer cada apartado, y reflexiona sinceramente sobre cómo estás llevando cada uno de estos básicos autocuidados.
Posiblemente te sorprendas a ti misma al darte cuenta de que se te ha olvidado alguno de ellos.
1. Come: Aunque no tengas hambre
Muchas madres de bebés prematuros pasan días sin apenas comer.
Estrés, puede que depresión, falta de tiempo o de energía para cocinar.
Estar triste todas sabemos que nos hace perder el apetito.
Pero ya sabes que tu cuerpo necesita alimento, aunque ahora no lo notes ni sientas hambre. Si la falta de alimentación se alarga en el tiempo empezarás a estar más baja de energía, y precisamente es lo que más vas a necesitar.
No tiene que ser siempre comida sana, perfecta ni equilibrada.
Tiene que ser algo.
Cinco veces al día, cada tres horas, sería lo ideal (desayuno, tentempié, comida, merienda y cena).
Las tres básicas SON OBLIGATORIAS. Me da igual lo que comas, un bocadillo, un tupper que alguna buena alma te ha preparado con amor, un menú en el restaurante del hospital, o un buen plato de comida sana y equilibrada.
Con los tentempiés y meriendas, no te compliques; compra barritas, fruta, yogures, frutos secos….. Lleva siempre en el bolso o mochila alguno de ellos.
Compra comida fácil y rápida de preparar, y dedica algunas horas a dejar comida preparada para toda la semana.
En este enlace encontrarás recetas muy fáciles de preparar y sanas.
Comer no es un lujo. Es una forma básica de cuidado y supervivencia.
Y no, no eres egoísta por pensar en ti, ni estás abandonando a tu hijo por sentarte a comer tranquilamente cuando toca.
2. Duerme, descansa
Dormir bien puede ser imposible cuando eres madre de un bebé prematuro.
Llega la noche y vuelves a tu casa sin tu bebé, rota por no poder llevártelo contigo, por no poder meterte en la incubadora tú con él para que te sienta cerca, para darle ánimo. ES UNA SENSACIÓN DE IMPOTENCIA, UN DOLOR QUE TE DESGARRA POR DENTRO.
La cabeza no se apaga. El miedo no descansa.
He pasado por ello y sé perfectamente que te vas a meter en la cama y por muy cansada que estés te va a costar dormir……
Por eso tu objetivo no es “dormir ocho horas”. Tu objetivo es dormir, algo, o almenos descansar.
El descanso también cuenta cuando el sueño no llega, tumbarte, cerrar los ojos, que tu cuerpo se pueda relajar una horas…..
Intenta mantener un horario de sueño regular, métete en la cama aunque sepas que no vas a dormir. Lee un rato, y que almenos tu cuerpo descanse.
Puedes tomar infusiones para relajarte antes de dormir, y en casos extremos, acude al médico para que te paute algún medicamento que te ayude a conciliar el sueño. Desde la UCIN te pueden activar el servicio de psicología si se lo pides.
Aprovecha los momento de “canguro” y mientras tu bebé duerme sobre tu pecho cierra los ojos y disfruta de ese placentero momento, verás cómo entonces sí consigues relajarte, y incluso echar alguna pequeña cabezadita.
Respira, coge aire y recarga energía
Necesitas recargarte si no, te desgastarás pronto si la cosa se alarga. ¿Es el deporte lo que te relaja? HAZLO. ¿Es meditar? MEDITA. Leer, tumbarte en el sofá a ver una serie, tomar un café con alguna amiga o familiar…… Estar en tu casa tranquila……. Lo que sepas que te va a hacer desconectar unas horas.
DETÉNTE, COGE AIRE Y RESPIRA
En situaciones de trauma, como un parto prematuro, es muy habitual desconectarse del cuerpo.
Respirar de forma consciente puede parecer una tontería, pero no lo es.
Respirar:
te devuelve al presente
calma el sistema nervioso
te recuerda que sigues aquí
No hace falta ninguna técnica complicada.
Solo esto:
inhalar despacio
exhalar un poco más lento
repetir tres veces
A veces, eso es todo lo que puedes hacer. Y es suficiente.
Cuidarte no te aleja de tu bebé
Existe una culpa muy profunda en las madres de bebés prematuros: la sensación de que, si se cuidan, están abandonando.
Quiero decirte algo con claridad:
Cuidarte no te separa de tu bebé. Al contrario, te permite seguir estando con él.
Un cuerpo agotado, sin alimento, sin descanso y sin vitalidad no puede sostener indefinidamente.
Escuchar tus límites para poder darle a tu bebé lo mejor de ti también es una forma de amor.
Si hoy sólo puedes hacer una cosa
Si hoy estás leyendo esto desde el cansancio, desde la angustia o desde el miedo, quédate con esto:
No tienes que hacerlo todo. No tienes que hacerlo todo bien.
No tienes que ser fuerte todo el tiempo
Sólo tienes que mantenerte sana física y mentalmente durante este proceso.
Petit Guerrer: un espacio para acompañarte
Éste espacio está creado para acompañarte a ti.
Porque si cualquier madre necesita ser cuidada después de un parto, las madres de bebés prematuros lo necesitamos mucho más. Necesitamos ser vistas y escuchadas. También necesitamos darnos permiso a parar, y observar cómo está nuestro cuerpo, mente, emociones…….
Puedes darte permiso para derrumbarte, desahogarte, hablar, llorar, quejarte, patalear…..
Luego, respira, recompónte, y sigue adelante.
Como me decía mi enfermera de la UCIN;
Estás haciendo una maratón. Se trata de resistir, de aguantar, sólo un día cada vez.
Dosifica tu energía.
COME, DUERME, RESPIRA
Puedes dejarme cualquier comentario, duda, compartir tu experiencia en el formulario aquí abajo; o contactar conmigo en privado en contacto, o por redes sociales. Estaré encantada de ayudarte y acompañarte.
Esta entrada contiene el testimonio real de un parto prematuro extremo. Incluye referencias a dolor físico intenso, agotamiento emocional, deshumanización hospitalaria y trauma en el parto.
Si eres madre de un bebé prematuroo has vivido una experiencia similar, te invito a leerla con cuidado y a parar si lo necesitas. Este texto no pretende herir, sino acompañar.
Parto prematuro extremo: mi experiencia real y un abrazo para las madres de bebés prematuros
Mi Petit Guerrer: definición de VIDA
Mi hijo nació de forma prematura extrema, mucho antes de lo esperado. Y lo que viví durante ese proceso fue más duro de lo que jamás imaginé.
Este no es solo un relato sobre un parto prematuro. Además es un testimonio real donde el miedo, el agotamiento físico y emocional, y la deshumanización que a veces se vive en el hospital se mezclaron con la sorpresa, la esperanza y la fuerza inexplicable de un pequeño SER luchando por sobrevivir.
Si has llegado hasta aquí es muy probable que seas madre de un bebé prematuro, o que ames a alguien que lo es.
Por eso quiero que sepas algo desde el principio:
No estás sola. No estás exagerando. Y lo que sientes tiene sentido.
Antes del parto: miedo, agotamiento y decisiones difíciles
Luchando contra nuestras mentes
En nuestro caso luchamos mucho, sobre todo contra nuestras mentes.
Así que utilizamos todas las herramientas terapéuticas de las que disponíamos en aquel momento, y otras nuevas que fuimos conociendo, para no volvernos locos en aquella etapa.
Durante trece días permanecí inmóvil en una cama de hospital, mirando el mismo techo y las mismas paredes. Podría haberme perdido en la desesperación: en el miedo por no saber qué iba a pasar con mi bebé, en la angustia de no poder moverme, en la sensación de ver la vida pasar desde una ventana.
En casos así, nuestra mente, que es infinita….. puede ayudarte a sentirte en armonía… o puede crearte un infierno.
En mi experiencia fue una patada de mi pequeño la que me hizo salir completamente de mi mente y comprender que había algo más poderoso que mi mente:
La fuerza que nace del SER, de la esencia más profunda.
Gracias a esa patada de mi Petit Guerrer conseguimos salir de nuestras mentes decidimos seguir adelante y no volvimos a dudar, ni siquiera a hablar del tema.
Al fin mi SER tomó el control y, sorprendentemente, me mantuve tranquila y confiada.
Te dejo enlace a una entrada, donde explico una meditación que descubrí en aquellos días y que me ayudó a tener mi mente controlada.
Llegar al límite extremo del dolor físico y del agotamiento emocional
La mente puede no tener límites, pero el cuerpo sí.
Tengo un umbral del dolor bastante alto. No sentí dolor físico durante el embarazo ni en los días previos al parto. Por eso es importante que entiendas hasta qué punto llegué al límite.
Tres veces me preparé para volver a casa: vestida con mi ropa, con las bolsas hechas, esperando el alta para continuar con reposo absoluto bajo mi responsabilidad. Dos de esas veces tuve que deshacerlas y volver a la cama, inmóvil, mirando el techo.
Las analíticas no convencían. Mi cuerpo empezaba a avisar.
Cuando por fin me dieron el alta, sentí miedo. Un miedo que me habló claro: en casa estaría sola, sin control médico constante.
Decidí escuchar ese miedo. Me levanté tras trece días sin moverme y di apenas cincuenta pasos.
Las contracciones volvieron.
Hospital, reposo y pruebas constantes
Me llevaron de nuevo a urgencias. Las contracciones eran cada vez más fuertes, más seguidas. El dolor en los riñones era insoportable.
Ya no había caras conocidas. Acepté todo sin preguntar, completamente agotada, confiando ciegamente.
Por primera vez pensé que quizá mi cuerpo había sobrepasado su límite.
48 horas en la sala de partos: cuando dejé de existir
Me pusieron la epidural sin explicaciones ni consentimiento. No entendía siquiera que entrar en la sala de partos significaba que mi bebé podía nacer con solo 24 semanas de gestación.
A partir de ese momento dejé de ser una persona y me convertí en un cuerpo.
Nadie me explicó nada. Nadie me llamó por mi nombre. Nadie me preguntó cómo estaba.
Durante 48 horas fui pinchada, manipulada, observada. Sin comer. Sin beber. Sin descanso. Con el sonido constante del corazón de mi bebé retumbando en mis oídos.
No sentía miedo ni dolor. Solo agotamiento extremo, impotencia y una necesidad desesperada de que todo terminara.
Recuerdo aquellas horas como las más humillantes de mi vida.
Infección uterina y el caos final
El último ginecólogo fue el único que me miró a los ojos. Me explicó que había una infección uterina grave y que había que provocar el parto de inmediato.
Sentí alivio. Y no me avergüenzo de decirlo.
Había llegado a mi límite.
El parto se precipitó. La epidural dejó de funcionar. La sala se llenó de gente. Nadie pidió consentimiento.
Y aun así, en medio del caos, apareció ella.
La comadrona que me sostuvo
La comadrona me cogió de la mano, me miró a los ojos y no me soltó. Fue la única persona que me hizo sentir acompañada.
En dos empujones, mi bebé nació.
El nacimiento: alivio, sorpresa y miedo
Escuché un sonido que no reconocía. Entonces ella me lo dijo:
“Ha nacido llorando.”
Mi hijo nació vivo. Llorando. Luchando.
No fui capaz de cogerlo. Mi cuerpo y mi mente no podían más.
Me perdono. Porque también eso fue supervivencia.
Para ti, madre de un bebé prematuro
Si has vivido un parto prematuro, especialmente uno extremo, es posible que:
Te juzgues por cómo reaccionaste
Sientas culpa por no haber podido más
Pienses que fallaste
Quiero decirte algo con absoluta claridad:
No fallaste.
Llegaste hasta donde pudiste llegar. Tu cuerpo, tu mente y tu corazón hicieron lo necesario para sobrevivir.
Cuidarte a ti también es cuidar de tu bebé. Pedir ayuda, poner límites y reconocer el agotamiento no es debilidad: Es amor.
Este blog, Petit Guerrer, nace para acompañarte. Para poner palabras a lo que muchas madres de bebés prematuros sentimos y callamos.
Aquí no tienes que ser fuerte todo el tiempo. Aquí, no estás sola.
“48 horas para decidir si interrumpir mi embarazo y la meditación que me devolvió la paz”
Estamos a salvo. Aquí estamos seguros. Saben lo que hacen, lo tienen todo bajo control. Pero en un momento todo volvió a cambiar. En la zona gris del embarazo los médicos te ofrecen la posibilidad de interrumpir voluntariamente el embarazo ante los riesgos que conlleva un parto prematuro, nos dieron 48 horas para decidir si nuestro Petit Guerrer vivía o moría.
En esta entrada te cuento cómo viví esas 48 horas, qué nos ayudó a nosotros tomar esa crítica decisión, y un recurso que descubrí para no volverme loca en aquella situación.
Mi embarazo ya se consideraba de elevado riesgo de ser prematuro, pero yo sólo veía cómo mi barriga volvía a crecer. Eso significaba que poco a poco estaba recuperando el líquido amniótico y que, aunque la bolsa uterina estaba rota, retenía más líquido del que perdía.
Esperaba ansiosa el momento de la ecografía para comprobar que el corazón de mi bebé seguía latiendo.
Nos compenetramos a la perfección. Él se quedó encajado con la cabeza hacia la vida, completamente inmóvil. Sabía que si se movía perdería el poco líquido amniótico que lo rodeaba y que lo mantenía vivo, una pequeña capa alrededor de su cuerpo de apenas un milímetro.
También podría provocar un desprendimiento de placenta, que podría provocarle la muerte o secuelas graves, o ahogo con el cordón umbilical.
Del mismo modo, sin pensar, yo sabía perfectamente lo que tenía que hacer. Me quedé completamente inmóvil tumbada boca arriba en la cama del hospital durante trece días.
Ni siquiera cambié de postura para dormir.
Lo sorprendente fue que no me costó. A mí, que no puedo estar quieta ni un segundo. Jamás habría dicho que sería capaz.
Recuperé la calma. Recuperé la consciencia. Me relajé.
El anuncio que lo cambió todo
Apenas estábamos empezando a habituarnos a la relajación cuando dos enfermeras entraron a nuestra habitación y nos comunicaron que en el plazo de 48 horas debíamos decidir si seguir adelante con el embarazo o interrumpirlo voluntariamente.
El protocolo ya estaba activado, a la espera de nuestra decisión: mi traslado a otro hospital estaba listo en caso de que decidiéramos interrumpirlo.
Otra vez la sensación de que el tiempo se detiene… mi mente se congela, los sonidos se amortiguan, la realidad se ve como en fotogramas…..
Si en algún momento de tu proceso te sientes así, no es que estés fallando: es una reacción normal ante una situación extrema.
—¿Está bien el bebé? —¿Late su corazón? — Me habeis dicho que estoy recuperando líquido amniótico suficiente para mantenerlo vivo…..
Todas las respuestas fueron sí. Pero insistían en que el riesgo de que el embarazo fuera prematuro y no terminara bien seguía siendo muy elevado.
Y que yo tenía la libertad de elegir: detenerlo y “volver a intentarlo después”.
Mi compañero y yo nos quedamos en shock.
En ese momento no lo sabía, pero hoy entiendo que en la denominada “zona gris” del embarazo, los médicos te ofrecen la posibilidad de decidir no asumir el riesgo que un parto prematuro conlleva, tanto para ti como para el bebé.
La entrevista prenatal
Nos ofrecieron hablar con la Neonatóloga más especializada de la UCIN en ese momento.
Tienes derecho y es obligación del hospital proporcionarte esta entrevista, para aclarar todas tus dudas y conocer realmente los riesgos a los que te vas a enfrentar. Si quieres saber más sobre la entrevista prenatal echa un vistazo a mi entrada https://petitguerrer.com/informacion-bebes-prematuros/#entrevista-prenatal
Recuerdo perfectamente el nombre de esa doctora, su rostro, su tono de voz, sus gestos, su mirada.
Aquella Doctora nos proporcionó una entrevista prenatal ABSOLUTAMENTE impecable: profesional y empática, tierna pero sincera, sin dramatizar ni suavizar.
Nos explicó las probabilidades:
50% de que nuestro bebé sobreviviera al parto.
50% de que, si sobrevivía, muriera en menos de tres días.
50% de que, si sobrevivía, tuviera secuelas muy graves.
En otras palabras:
12,5% de posibilidades de que naciera vivo y sano.
Yo entré en estado de negación. Me había aferrado a la idea de que mi bebé estaba bien, y aunque entendía mentalmente lo que la doctora decía, no podía integrarlo.
Grábate ésto a fuego: No tienes que ser fuerte todo el tiempo
Pero cuando comenzó a detallar las posibles secuelas, mi mente se encendió como una central eléctrica. Pasó de 0 a 200.000 rpm, visualizando en segundos todas las opciones.
Con vergüenza, hice la pregunta que me pesaba por dentro:
—¿Qué pasará si sobrevive gracias a vuestros soportes vitales, pero presenta secuelas muy graves?
Ella no me juzgó, y me dio la respuesta que necesitaba escuchar:
“No mantenemos una vida artificialmente a toda costa.”
Mi Petit Guerrer decidió por nosotros
No sabíamos qué hacer.
Yo me sentía profundamente unida a mi Petit Guerrer. No concebía ser yo quien le impediera la vida por la que tanto estaba luchando.
Tampoco contemplaba detener ese embarazo para buscar otro “más fácil” después. Sabía que no sería lo mismo.
Pero mi mente racional seguía dando vueltas a las probabilidades y a las posibles secuelas. No me veía capaz de asumir ese riesgo.
Después de horas bloqueados, cansados y tristes, se me ocurrió:
—¿Y si le preguntamos a él?
En ese mismo instante, nuestro pequeño se movió por primera vez desde el inicio de aquella pesadilla. Me dio una patada, la primera desde que había empezado aquella pesadilla.
La decisión estaba tomada.
Él la tomó por nosotros.
Y no hubo más dudas
Íbamos juntos los tres a por todas
Biodescodificación
Los días eran largos. Las visitas, cada vez menos. Así que mi compañero me traía cada día a distintos terapeutas.
Un día llegó la biodescodificación.
Aquella terapeuta me guió en una meditación extraña. Me pidió visualizar a mi madre (fallecida un año antes) y sentir sus manos sosteniéndome, dándome refugio y calma.
De repente conecté con algo que llevaba bloqueado en mi interior desde su muerte: mi dolor, mi vulnerabilidad, mi necesidad de protección en aquel momento.
Me di cuenta de que, por no enfrentar ese duelo, también estaba desconectada de mi embarazo y de mi bebé.
Cuando más conectada estaba con esas emociones, sentirme cuidada por mi propia madre, el consuelo y la seguridad que sólo las madres te pueden ofrecer en momentos críticos….. la terapeuta me invitó a ofrecer ese mismo refugio a mi hijo.
En ese momento desperté y entendí:
Para poder sostener a mi bebé, primero debía permitirme ser sostenida yo.
Tomé conciencia de que no había elaborado el duelo por la pérdida de mi madre, no me lo había permitido. Había bloqueado de tal forma mis emociones…. eran tan dolorosas que creía que si las dejaba salir podría incluso morir.
Me coloqué mi armadura de guerrera, me dediqué a hacer y resolver para no sentir, y me disocié completamente.
De tal forma que era incapaz de sentir el amor.
Meditación del “espacio entre”
Esta terapueta me dejó unas meditacioes grabadas, que yo escuchaba. Ella insitía en la necesidad de “salir de la mente”.
A los pocos minutos de empezar a escucharlas, siempre me quedaba dormida.
Después supe que aquella técnica se llama la meditación del espacio entre (the space between meditation).
Es una práctica de atención plena que no se centra en los objetos (pensamientos, sensaciones, puntos del cuerpo), sino en el espacio que existe entre ellos.
Definición
Una técnica que dirige la conciencia hacia el espacio vacío —el intervalo— que existe:
entre dos puntos del cuerpo (ej. entre tus manos).
entre tú y el entorno.
entre dos pensamientos o respiraciones.
Cómo practicarla
Preparación: postura cómoda, respiración natural.
Foco inicial: atención a dos puntos concretos (ej. las manos).
Exploración: sentir el espacio entre ellos, no verlo con los ojos, sino percibirlo.
Expansión: ampliar la conciencia al espacio entre cuerpo y entorno.
Silencio: notar los pensamientos y volver al espacio abierto.
Beneficios
Relaja la mente al enfocarla en una sensación expansiva.
Facilita la conexión entre cuerpo, entorno y conciencia.
Genera calma profunda y apertura.
Lo que ocurre en el cerebro
Esta meditación relaja porque activa mecanismos cerebrales relacionados con la atención, la percepción y la regulación emocional:
Red de modo por defecto (DMN): disminuye su actividad → menos rumiación.
Corteza prefrontal y parietal: aumentan la atención sostenida y la conciencia espacial.
Amígdala: se reduce su activación → baja la ansiedad.
Ondas cerebrales: aumentan las alfa y theta → estados de relajación y creatividad.
Cambio de percepción: al enfocarte en el espacio, el cerebro procesa menos estímulos → alivio del sistema nervioso y sensación de ligereza.
Ejemplo: sentir el espacio entre tus manos
Al poner atención en ellas, se activa la corteza somatosensorial.
Al percibir el espacio entre ellas, entra en juego el lóbulo parietal.
El diálogo interno se reduce → más calma.
La amígdala se apaga y el sistema parasimpático se activa → respiración lenta, corazón tranquilo.
Predominan ondas alfa y theta → estado meditativo.
Con este recurso aprendí que, incluso invadida por el miedo y la angustia más absolutos , siempre podré encontrar un espacio de calma dentro de mi. Un espacio en el que todo lo exterior desaparece, y solo existe calma y paz. Un espacio en el que, simplemente, SER.
Querida Doctora, no fue un aborto; FUE UN DESPERTAR
Sonia
“En mi Blog con toda la info”, a parte de toda la información que considero que tienes que tener, me permito compartir entradas donde relato mi testimonio como madre de un bebé prematuro EXTREMO, al que inicialmente trataron como un aborto.
Es nuestra historia, cómo empezó todo, nuestro recorrido, mis conclusiones. Mis emociones, pensamientos, recursos terapéuticos y técnicas que utilicé para no volverme loca ni hundirme. La evolución y crecimiento personal que me ha transformado. Opiniones personales sobre qué nos ayudó, y qué no. El recorrido de mi Petit Guerrer, desde un bebé nacido con 600 gramos hasta la actualidad, un maravilloso ser lleno de energía y vitalidad, sano, fuerte, ávido de aprender, motivado, inteligente, cariñoso…..
No hay información objetiva para madres/padres de bebés prematuros (por si quieres pasar a otro apartado).
12 de Octubre de 2017; El día en que todo cambió: sangrado y confusión en la semana 22
Veo sangre y me quedo unos segundos paralizada. No sé si has tenido alguna vez esa sensación, cuando una emoción o situación es tan impactante que es como si la vida, el tiempo, hasta tu cuerpo se detienen. Es 12 de octubre, festivo y puente; estamos en nuestra segunda residencia. Estoy embarazada de 22 semanas y un día. Mi embarazo va bien, me encuentro perfectamente y tal como me dijo el ginecólogo, hago vida normal.
Ojo con la “vida normal”; No es lo mismo la vida normal de una mujer que no trabaja, que no hace deporte, y que lleva una vida tranquila, que la de otra que trabaja en un trabajo “estresante”, que es muy activa, que hace deporte a diario…..
Se me escapa la orina, pero no siento ganas de ir al baño. Corro al lavabo. A los pocos minutos, me vuelve a pasar. Es una sensación extraña, pero no le doy importancia, imagino que son cosas del embarazo…
La tercera vez que me ocurre, el papel con el que me limpio está manchado de sangre. Cuando por fin consigo reaccionar corro a avisar a mi pareja y nos vamos al hospital más cercano.
Mi cuerpo tiembla, estoy muy asustada y me sostengo el bajo vientre con las dos manos, en un acto instintivo para sujetar a mi bebé.
El enfermero que me atiende me pregunta que si puedo caminar. Como siempre, me hago la fuerte y le digo que sí, aunque estoy aterrada porque no “caiga” mi bebé. Lo sigo por interminables pasillos llorando hasta que llegamos a Ginecología.
Me ponen una vía, me hacen una analítica de sangre. Tumbada en la típica camilla la ginecóloga me explora y ante mi asombro, coloca una papelera entre mis piernas, donde cae el líquido que mi cuerpo expulsa. No sé si es sangre o líquido amniótico, no quiero saberlo. Ella tampoco me dice nada.
Miro el techo, y a una pequeña ventana tapada con una sucia fea y vieja cortina, completamente ida y absorbida por el miedo. Miro pero en esa ventana solo veo como pasan en forma de diapositivas, las fotografías que mi amiga me hizo dos o tres días antes, mis primeras fotografías de embarazada.
Tiemblo y lloro sin control; La ginecóloga entra y sale, me hace tactos pero no estoy dilatada, no para de hacerme preguntas sobre la fecha exacta de mi embarazo, pero pasa el tiempo y no me dice qué está pasando. Ella insiste en que estoy de 20 semanas, yo le repito una y otra vez que según los cálculos de la última ecografía, de 22 semanas y un día.
No entiendo por qué insiste tanto en eso en vez de hacer algo para detener lo que sea que está pasando. Me empiezo a poner nerviosa, no sé cuántas horas llevamos ya allí, la ginecóloga cada vez viene menos a mi box y sigue sin explicarme nada. Esto me hace salir del estado casi catatónico en el que estoy.
“Despierto” de ese estado en el que no podía ni pensar, ni controlar ni mi cuerpo ni mi mente,y empiezo a darme cuenta que algo no va bien; la ginecóloga se dedica a hacerme analíticas y tactos cada x horas, y ha colocado una papelera entre mis piernas, pero no ha hecho ningúna ecografia para saber cómo está el bebé.
“Estás abortando”: la respuesta que partió mi alma
Poco a poco recupero el control y tengo la absoluta certeza de que tengo que salir de allí o perderé a mi bebé. Se lo digo a mi pareja, que se lo comunica a la ginecóloga. Ella viene y fría como un témpano, sin un atisbo de compasión en su voz, me dice que estoy abortando, y que si mi cuerpo quiere expulsar ella no puede hacer nada para detenerlo. Que no me puedo ir de allí porque tengo una hemorragia activa. Vuelvo a estar en MI, pero estoy desconcertada ante la situación. Sé con certeza que allí no me puedo quedar pero no tengo energía, condiciones físicas, ni conocimientos para decidir qué hacer.
Lo que voy a explicar puede sonar a “flipada” si no tienes algo de recorrido terapéutico. Creo en las técnicas, medicina, terapias alternativas pero a la vez soy muy escéptica, con esto y con todo en la vida. No me lo creo todo sin más, necesito probar y experimentar antes de formar una opinión. He probado y experimentado con muchas, algunas puedo asegurar 100% que funcionan, otras no. Pero haberlas aprendido hace que estén ahí, en algún rincón de mi cerebro.
Ho’oponopono: una herramienta inesperada
Mi mente por su cuenta empieza a practicar Ho´Oponopono. Resumiendo, es una técnica ancestral hawaiana que consiste en repetir una serie de palabras que (supuestamente) limpian y borran creencias negativas del subconsciente, y dan permiso a un poder superior para que solucione cualquier obstáculo o situación, con la intención de soltar el control y que se solucione de la mejor forma. Más allá de si creo o no en ésto, lo que sí puedo afirmar es que recitarlas me relaja, y consigue parar mi mente en situaciones en las que se dispara.
Después de un tiempo en trance recitándolas mentalmente y automáticamente, (ni idea de cuánto, perdí la noción de él en cuanto pisé ese hospital) de repente, en un momento me convertí toda YO en claridad y seguridad, fortaleza, y la firme determinación de que yo no iba a perder a mi bebé en la papelera de ese zulo.
Las palabras que dije y las decisiones que tomé a partir de ese momento, no se procesaron en mi mente; surgieron con una energía y sabiduría, que ni yo, ni mi cuerpo ni mi mente teníamos en ese momento, te lo puedo asegurar. Salieron de mi sin pensar, sin procesar, sin dudar. ¿Intuición? ¿Amor incondicional de madre? ¿Ho´Oponopono que permitió que mis Seres Superiores tomaran el control de la situación?
La decisión firme: salir de allí para salvar a mi bebé
Pedí a mi marido que fuera a buscar a la doctora. En el box de al lado había una mujer que estaba de parto, y eso me dio la explicación a por qué cada vez venía menos a mi Box.
Cuando apareció en mi Box, no dudé; le “ordené” que llamara al hospital de Sant Joan de Deu y que pidiera mi traslado. Le aseguré que si no lo hacía yo misma me arrancaría todas las vías y conduciría hasta allí. Le dejé claro que en ese hospital nadie más me iba a tocar.
Traslado al hospital Sant Joan de Déu: Del zulo a “Nuestros angelitos”
Supongo que mi seguridad dejó claro y se percibió, por parte de todos, que no había otra opción posible; Yo no iba a dejar que hubiera otra opción posible; la hemorragia sin más se detuvo; la doctora llamó, aceptaron mi traslado, y minutos después estaba en una ambulancia de camino a Sant Joan de Déu. “Nuestros Angelitos”.
Rabia, dudas y búsqueda de justicia
Consultas legales y secuelas inciertas
Estuve meses, años, dándole vueltas a la actuación de esa doctora. Llevé todos los informes a un buffete de abogados de Barcelona, famoso por ganar casos sobre negligencias médicas. Tenía que demostrar que las secuelas que tenía mi bebé fueron provocadas por la actuación de esa doctora.
En aquél momento (ni a día de hoy), puedo saber las secuelas que tiene mi hijo porque todavía sigue supervisado por varias especialidades de Sant Joan de Deu (Psicólogos, Neurólogos, Neonatólogos, Neumólogos, Oftalmólogos, Logopedas y Fisioterapuetas). Tampoco sé si podría demostrar que, en caso de que las conociera, hubieran sido a causa de las horas que pasé en aquel zulo del horror, ni hasta qué punto esa ginecóloga estaba obligada a hacer algo más de lo que hizo.
Dejé pasar el tiempo preguntándome si realmente valía la pena entrar en esa guerra, y malgastar una energía que no tenía, hasta que finalmente prescribió.
Pero ese capítulo no se había cerrado y yo sentía la necesidad hacer algo para poder pasar página.
¿Fue negligencia médica?
Tiempo después mi marido y yo pedimos los informes al hospital, comprobando que en todo momento aquella ginecóloga trató mi caso como un “aborto” y que mintió en las semanas de gestación.
Nos planteamos escribirle una carta, para hacerle saber que su aborto es PURA VIDA, se llama ARYAN, y merecía como ha demostrado, que se le diera la oportunidad de VIVIR. Con la intención de hacerla reflexionar en posibles casos futuros.
No estábamos preparados, sobre todo yo, para revivir y remover todo aquello. No queríamos iniciar una guerra y no sabíamos cómo podría responder ella. Afortunadamente todo iba bien con nuestro Petit Guerrer y necesitábamos descansar mentalmente.
Durante mucho tiempo sentí rabia, impotencia. Esa ginecóloga había tenido en sus manos la vida de mi hijo y yo me sentí completamente indefensa.
Sanación emocional: psicomagia y perdón
El cierre simbólico de una herida profunda
Más tarde, para intentar sanar esos sentimientos negativos que seguían en mi, y guiada por mi terapeuta, realicé un acto de Psicomagia. Muchas veces nuestros pensamientos, decisiones, emociones, no provienen de nuestra parte consciente sino del subconsciente, y por más que intentemos racionalmente superar algún hecho traumático, se queda encallado en tu subconsciente que se encarga de recordártelo, llegando a dirigir tu vida desde ese sentimiento negativo….. La Psicomagia se trata de realizar un acto simbólico para enviarle a tu subconsciente la señal que necesita para solucionar esa cuestión.
Carta no enviada a la ginecóloga
Le escribí a la doctora una carta que nunca envié. Se la leí simbólicamente, me despedí de ella y del rencor. Le agradecí que accediera a llamar a Sant Joan de Deu (y no tener que haberme arrancado yo las vías y irme en coche, porque lo habría hecho). Quemé la carta y los informes médicos como un gesto final de cierre.
Esa noche dormí más liviana, aunque el proceso no terminó ahí. Curiosamente, ha sido escribiendo este blog —con la intención de ayudar a otros desinteresadamente— cuando finalmente he podido cerrar ese capítulo.
Esa ginecóloga actuó correctamente, según el https://www.seneo.es/publicaciones/protocolos-de-la-seneo-2023. Mi embarazo estaba en la Zona Gris. Ella no disponía de los conocimientos, ni medios para llevar ese parto prematuro a buen término. He podido entender que si incluso para Neonatólogos especialistas son difíciles estas decisiones, a ella probablemente la desbordaría la situación, se ciñó al protocolo sabiendo que no podría hacer nada más.
He podido perdonarla y empatizar con la situación en la que se encontró.
Pero no puedo entender su trato frío, inhumano.
Sí actuó “poco profesionalmente” y contra los protocolos, al no explicarnos la situación con claridad desde el principio, y ofrecernos la posibilidad de traslado a un hospital especializado en Neonatología.
Cometió una ilegalidad mintiendo en las semanas de gestación, obviando mi última ecografía donde constaba esa información. Supongo que para justificar su decisión de tratar mi caso como un aborto “sin lugar a dudas”.
De la rabia a la compasión
Quiero pensar que esa doctora aprendió la lección, (también que desconocía el derecho que tenemos a ser trasladadas a un centro con medios para ayudar a nuestros bebés prematuros, si así lo deseamos), y que nunca más tomaría ella la decisión unilateralmente de sentenciar de muerte a un bebé; en cambio lo consultaría con los padres para saber si ellos ( como hicimos nosotros), estarían dispuestos a luchar por la vida de su hij@, informándoles de los riesgos, y en ese caso, les ayudaría a tener la oportunidad de hacerlo.
Agradezco haber encontrado las respuestas que necesitaba para comprender y empatizar con esa persona, en quien tanto tiempo focalicé mi rabia. Las respuestas exactas que mi mente (buscadora de la verdad) necesitaba para dar este primer capítulo por zanjado.
A día de hoy sólo siento satisfacción, gratitud y felicidad al ver la vitalidad, salud, energía, bondad, alegría y sensibilidad de Aryan, mi Petit Guerrer.
Aryan, mi Petit Guerrer: el amor que me transformó
Un bebé de 600 gramos que venció todo pronóstico
Gracias a esta experiencia, he crecido y evolucionado de un modo que jamás habría imaginado. Me ha regalado una visión clara sobre lo que realmente importa: un bebé de 600 gramos luchando minuto a minuto por su vida.
Poder dormir con él y abrazarlo cada noche, sentirlo respirar sin una mascarilla de oxígeno, saber que esta vivo y sano.
Ser consciente y valorar el tiempo y la oportunidad que la vida nos ha dado para estar juntos, descubrirnos, compartir y aprender el uno del otro.
Gracias a esta experiencia sé qué es el amor incondicional.
Acompañarlo en su lucha por vivir me ha dado un entendimiento más profundo sobre la vida, las personas, sus egos… y me ha hecho reflexionar sobre mí misma y el mío.
Qué me enseñó esta experiencia sobre la vida, el ego y el amor incondicional
Durante un tiempo contemplé desde la distancia la “vida cotidiana” de los demás, habiéndose parado la mía, siendo a la vez testigo del esfuerzo de aquel diminuto ser por vivir; Este contraste me mostró la vida desde otra perspectiva.
Después de una experiencia así, te aseguro que cualquier problema que hubieras tenido antes te parece la más absoluta de las tonterías.
He tenido que hacer verdaderos esfuerzos para no menospreciar los “problemas” de las personas que me rodean y a las que quiero, entendiendo que sin haber pasado por una experiencia así, yo también seguiría atrapada en mi ego y sus tramas , en sus absurdas historias.
Ahora mismo me encuentro en un período de transición. Mi antigua “yo” ha desaparecido, al igual que la identidad falsa que había creado mi ego. Una etapa que me ha transformado se ha cerrado, felizmente.
Estoy soltando muchas máscaras que ya no me representan. Estoy en proceso de reconstrucción. De descanso. De renacimiento.
Quiero ayudarte facilitándote toda la información (que a veces cuesta conseguir), que voy recopilando a través de mi experiencia, para hacer tu camino y el de tu Petit Guerrer lo más fácil posible.
Hace 7 años tuve un “aborto” (según la ginecóloga), a las 22 semanas de embarazo.
Dos semanas después nació Aryan, a las 24 semanas de embarazo, pesó 615gr y estuvo cuat
Aryan es un niño feliz, completamente sano, vital, alegre, cariñoso e inteligente.
Es un amor y la definicion de VIDA
Hoy por fin, podemos decir que hemos integrado todo lo sucedido, nuestra GRAN EXPERIENCIA DE VIDA, y podemos darle forma de una manera ordenada, con la única intención de ayudar y alentar a todos los que pasen por lo mismo que nosotros.
MI PROPÓSITO
Ayudaros, madres y padres de Bebés Prematuros
En este blog, dedicado a las madres y padres de bebés prematuros, quiero ayudaros recopilando y poniendo en orden toda la información y conocimientos que he adquirido al ser madre de un “Prematuro extremo”.
Yo me sentí muy perdida, desorientada, desinformada, me iba enterando de las cosas a base de preguntar, dar vueltas y a veces de casualidad.
Por eso he decidido crear un espacio en el que volcar y ordenar toda la información que vais a necesitar. Sólo con que a una madre o padre le sirva de ayuda lo que voy a escribir, ya habrá tenido sentido mi esfuerzo.
(Creéme, es fácil escribir si se te da bien y tienes motivación, pero otra cosa es ponerte a crear un blog sin tener ni p. idea……).
Compartir mi experiencia como madre de un prematuro extremo
Siento que es mi propósito, en el sentido de mi propio crecimiento personal, compartir mi testimonio personal como madre de un gran prematuro, y que me ha cambiado en todos los sentidos; Expresar mi evolución, crecimiento y aprendizaje gracias a ella. Mis descubrimientos y procesos internos mientras todo sucedía. Mis vivencias durante las terapias alternativas que practiqué en esa etapa. Las fases por las que he pasado hasta llegar a AQUÍ Y AHORA, cuando por fin ya todo ha encajado, y he podido entender el por y el para qué.
Darte fuerza y esperanza; acompañarte
Tercer y último objetivo. EL MÁS IMPORTANTE. Con mi mensaje quiero darte fuerza, esperanza y motivación a ti, madre o padre de un bebé prematuro; Sé que es duro, muy duro, pero confía. Son unos auténticos GUERREROS, pueden, son fuertes y se convierten en personas super especiales…….
Quiero transmitirste que, aunque no creas en nada, si dejas la puerta abierta a algo superior a ti, sueltas el control y confías en tu intuición más profunda, sabrás perfectamente qué tienes que hacer, no hará falta pensar; Sólo confiar en ti y en tu bebé, soltar la mente para poder captar las señales desde otra parte más profunda de ti.
Con el tiempo comprenderás que de esta situación habrás obtenido un aprendizaje de un valor incalculable.
Deja una respuesta