“48 horas para decidir si interrumpir mi embarazo y la meditación que me devolvió la paz”

Estamos a salvo. Aquí estamos seguros. Saben lo que hacen, lo tienen todo bajo control. Pero en un momento todo volvió a cambiar. En la zona gris del embarazo los médicos te ofrecen la posibilidad de interrumpir voluntariamente el embarazo ante los riesgos que conlleva un parto prematuro, nos dieron 48 horas para decidir si nuestro Petit Guerrer vivía o moría.
En esta entrada te cuento cómo viví esas 48 horas, qué nos ayudó a nosotros tomar esa crítica decisión, y un recurso que descubrí para no volverme loca en aquella situación.
Compenetración instintiva Madre / Hij@
Mi embarazo ya se consideraba de elevado riesgo de ser prematuro, pero yo sólo veía cómo mi barriga volvía a crecer. Eso significaba que poco a poco estaba recuperando el líquido amniótico y que, aunque la bolsa uterina estaba rota, retenía más líquido del que perdía.
Esperaba ansiosa el momento de la ecografía para comprobar que el corazón de mi bebé seguía latiendo.
Nos compenetramos a la perfección. Él se quedó encajado con la cabeza hacia la vida, completamente inmóvil. Sabía que si se movía perdería el poco líquido amniótico que lo rodeaba y que lo mantenía vivo, una pequeña capa alrededor de su cuerpo de apenas un milímetro.
También podría provocar un desprendimiento de placenta, que podría provocarle la muerte o secuelas graves, o ahogo con el cordón umbilical.
Del mismo modo, sin pensar, yo sabía perfectamente lo que tenía que hacer. Me quedé completamente inmóvil tumbada boca arriba en la cama del hospital durante trece días.
Ni siquiera cambié de postura para dormir.
Lo sorprendente fue que no me costó. A mí, que no puedo estar quieta ni un segundo. Jamás habría dicho que sería capaz.
Recuperé la calma. Recuperé la consciencia. Me relajé.
El anuncio que lo cambió todo
Apenas estábamos empezando a habituarnos a la relajación cuando dos enfermeras entraron a nuestra habitación y nos comunicaron que en el plazo de 48 horas debíamos decidir si seguir adelante con el embarazo o interrumpirlo voluntariamente.
El protocolo ya estaba activado, a la espera de nuestra decisión: mi traslado a otro hospital estaba listo en caso de que decidiéramos interrumpirlo.
Otra vez la sensación de que el tiempo se detiene… mi mente se congela, los sonidos se amortiguan, la realidad se ve como en fotogramas…..
Si en algún momento de tu proceso te sientes así, no es que estés fallando: es una reacción normal ante una situación extrema.
—¿Está bien el bebé?
—¿Late su corazón?
— Me habeis dicho que estoy recuperando líquido amniótico suficiente para mantenerlo vivo…..
Todas las respuestas fueron sí. Pero insistían en que el riesgo de que el embarazo fuera prematuro y no terminara bien seguía siendo muy elevado.
Y que yo tenía la libertad de elegir: detenerlo y “volver a intentarlo después”.
Mi compañero y yo nos quedamos en shock.
En ese momento no lo sabía, pero hoy entiendo que en la denominada “zona gris” del embarazo, los médicos te ofrecen la posibilidad de decidir no asumir el riesgo que un parto prematuro conlleva, tanto para ti como para el bebé.
La entrevista prenatal
Nos ofrecieron hablar con la Neonatóloga más especializada de la UCIN en ese momento.
Tienes derecho y es obligación del hospital proporcionarte esta entrevista, para aclarar todas tus dudas y conocer realmente los riesgos a los que te vas a enfrentar. Si quieres saber más sobre la entrevista prenatal echa un vistazo a mi entrada https://petitguerrer.com/informacion-bebes-prematuros/#entrevista-prenatal
Recuerdo perfectamente el nombre de esa doctora, su rostro, su tono de voz, sus gestos, su mirada.
Aquella Doctora nos proporcionó una entrevista prenatal ABSOLUTAMENTE impecable: profesional y empática, tierna pero sincera, sin dramatizar ni suavizar.
Nos explicó las probabilidades:
- 50% de que nuestro bebé sobreviviera al parto.
- 50% de que, si sobrevivía, muriera en menos de tres días.
- 50% de que, si sobrevivía, tuviera secuelas muy graves.
En otras palabras:
12,5% de posibilidades de que naciera vivo y sano.
Yo entré en estado de negación. Me había aferrado a la idea de que mi bebé estaba bien, y aunque entendía mentalmente lo que la doctora decía, no podía integrarlo.
Grábate ésto a fuego: No tienes que ser fuerte todo el tiempo
Pero cuando comenzó a detallar las posibles secuelas, mi mente se encendió como una central eléctrica. Pasó de 0 a 200.000 rpm, visualizando en segundos todas las opciones.
Con vergüenza, hice la pregunta que me pesaba por dentro:
—¿Qué pasará si sobrevive gracias a vuestros soportes vitales, pero presenta secuelas muy graves?
Ella no me juzgó, y me dio la respuesta que necesitaba escuchar:
“No mantenemos una vida artificialmente a toda costa.”
Mi Petit Guerrer decidió por nosotros
No sabíamos qué hacer.
Yo me sentía profundamente unida a mi Petit Guerrer. No concebía ser yo quien le impediera la vida por la que tanto estaba luchando.
Tampoco contemplaba detener ese embarazo para buscar otro “más fácil” después. Sabía que no sería lo mismo.
Pero mi mente racional seguía dando vueltas a las probabilidades y a las posibles secuelas. No me veía capaz de asumir ese riesgo.
Después de horas bloqueados, cansados y tristes, se me ocurrió:
—¿Y si le preguntamos a él?
En ese mismo instante, nuestro pequeño se movió por primera vez desde el inicio de aquella pesadilla. Me dio una patada, la primera desde que había empezado aquella pesadilla.
La decisión estaba tomada.
Él la tomó por nosotros.
Y no hubo más dudas
Íbamos juntos los tres a por todas
Biodescodificación
Los días eran largos. Las visitas, cada vez menos. Así que mi compañero me traía cada día a distintos terapeutas.
Un día llegó la biodescodificación.
Aquella terapeuta me guió en una meditación extraña. Me pidió visualizar a mi madre (fallecida un año antes) y sentir sus manos sosteniéndome, dándome refugio y calma.
De repente conecté con algo que llevaba bloqueado en mi interior desde su muerte: mi dolor, mi vulnerabilidad, mi necesidad de protección en aquel momento.
Me di cuenta de que, por no enfrentar ese duelo, también estaba desconectada de mi embarazo y de mi bebé.
Cuando más conectada estaba con esas emociones, sentirme cuidada por mi propia madre, el consuelo y la seguridad que sólo las madres te pueden ofrecer en momentos críticos….. la terapeuta me invitó a ofrecer ese mismo refugio a mi hijo.
En ese momento desperté y entendí:
Para poder sostener a mi bebé, primero debía permitirme ser sostenida yo.
Tomé conciencia de que no había elaborado el duelo por la pérdida de mi madre, no me lo había permitido. Había bloqueado de tal forma mis emociones…. eran tan dolorosas que creía que si las dejaba salir podría incluso morir.
Me coloqué mi armadura de guerrera, me dediqué a hacer y resolver para no sentir, y me disocié completamente.
De tal forma que era incapaz de sentir el amor.
Meditación del “espacio entre”
Esta terapueta me dejó unas meditacioes grabadas, que yo escuchaba. Ella insitía en la necesidad de “salir de la mente”.
A los pocos minutos de empezar a escucharlas, siempre me quedaba dormida.
Después supe que aquella técnica se llama la meditación del espacio entre (the space between meditation).
Es una práctica de atención plena que no se centra en los objetos (pensamientos, sensaciones, puntos del cuerpo), sino en el espacio que existe entre ellos.
Definición
Una técnica que dirige la conciencia hacia el espacio vacío —el intervalo— que existe:
- entre dos puntos del cuerpo (ej. entre tus manos).
- entre tú y el entorno.
- entre dos pensamientos o respiraciones.
Cómo practicarla
- Preparación: postura cómoda, respiración natural.
- Foco inicial: atención a dos puntos concretos (ej. las manos).
- Exploración: sentir el espacio entre ellos, no verlo con los ojos, sino percibirlo.
- Expansión: ampliar la conciencia al espacio entre cuerpo y entorno.
- Silencio: notar los pensamientos y volver al espacio abierto.
Beneficios
- Relaja la mente al enfocarla en una sensación expansiva.
- Facilita la conexión entre cuerpo, entorno y conciencia.
- Genera calma profunda y apertura.
Lo que ocurre en el cerebro
Esta meditación relaja porque activa mecanismos cerebrales relacionados con la atención, la percepción y la regulación emocional:
- Red de modo por defecto (DMN): disminuye su actividad → menos rumiación.
- Corteza prefrontal y parietal: aumentan la atención sostenida y la conciencia espacial.
- Amígdala: se reduce su activación → baja la ansiedad.
- Ondas cerebrales: aumentan las alfa y theta → estados de relajación y creatividad.
- Cambio de percepción: al enfocarte en el espacio, el cerebro procesa menos estímulos → alivio del sistema nervioso y sensación de ligereza.
Ejemplo: sentir el espacio entre tus manos
- Al poner atención en ellas, se activa la corteza somatosensorial.
- Al percibir el espacio entre ellas, entra en juego el lóbulo parietal.
- El diálogo interno se reduce → más calma.
- La amígdala se apaga y el sistema parasimpático se activa → respiración lenta, corazón tranquilo.
- Predominan ondas alfa y theta → estado meditativo.
Con este recurso aprendí que, incluso invadida por el miedo y la angustia más absolutos , siempre podré encontrar un espacio de calma dentro de mi.
Un espacio en el que todo lo exterior desaparece, y solo existe calma y paz.
Un espacio en el que, simplemente, SER.
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